En los bosques de jade, la vida respira, Kukulkán en su trono contempla los cielos. Atitlán, cristal donde el mundo suspira, el quetzal alza vuelo con sueños y anhelos.
En Tikal, florece el alma que no muere, sus templos vibran con un canto celestial. Ni las sombras que la conquista trajere apagaron la fuerza de su fuego inmortal.
Los volcanes rugen, la tierra – es poema! El viento susurra leyendas de antaño, los sueños navegan en mares lejanos. ¡Oh, Guatemala, de los dioses emblema!
Tus hijos e hijas, herencia sagrada, serán la promesa de la patria amada.
Y ahora puedes sumergirte en el vibrante mundo de los ritmos latinoamericanos y escuchar cómo este soneto resuena en: